Todo puede cambiar en cualquier momento

Es difícil cuando perdemos la pieza fundamental para alcanzar nuestro sueño más grande, especialmente si era tan importante en nuestra vida y representaba gran parte de lo que llegamos a ser. La pérdida dejo un vació profundo y tan doloroso que las palabras quedan cortas para describirlo. En consecuencia, llega la confusión y la inseguridad, rodeados de miles de preguntas, no sabemos cómo continuara nuestra historia. Nos encontramos en un momento donde comprendemos nuestra incapacidad para actuar.

Todo puede cambiar en cualquier momento

Es terrible el sentimiento de impotencia. Sentir que el mundo se te viene encima y que no tienes el poder de hacer absolutamente nada, eso te mata poco a poco comiéndote por dentro y aún más si eres de las personas que nunca se quedan con los brazos cruzados, pero esta vez los sientes amarrados sin siquiera poder moverlos.

Cuando sientes que llegaste al fondo de la desesperación aparece una luz de esperanza que te devuelve las ganas de continuar. Tal vez esa diminuta luz no pertenece al sueño que habías pensado, pero si podría llegar a ser parte clave de uno completamente nuevo o tal vez una versión mejorada.

Al final debemos entender que todo pasa por algo, aunque las razones no son tan obvias en el principio, pero ya las vamos a descubrir mientras vivimos la vida. Así vienen los cambios necesarios para el crecimiento de nuestro ser porque nada en este mundo es constante “todo cambia, revoluciona, vuela y se va”.

Cuando menos lo esperas…

Dicen que las mejores cosas vienen de sorpresa cuando menos lo esperas, te agarran desprevenido, entrometiéndose en tus planes y abriendo más cuestiones que respuestas. Al principio se ve aterrador hasta el punto que lo único que tienes en la cabeza es escapar lo más pronto posible porque no se trata sólo de una situación sino también de la vida y los sentimientos de otra persona. Pero bien sabes que no eres de los que van por la solución más sencilla y te quedas porque ves el chance de una historia diferente, reflejada en los ojos de esa persona.

Te quedas y entiendes que poco a poco el miedo desaparecerá porque allí esta ese alguien para tomarte de la mano, darte uno de esos abrazos interminables, hacerte sentir que estas en el lugar más seguro de la tierra y que nada ni nadie te puede hacer daño. Día a día se te hace más difícil resistir a esa voz hipnótica que te hace reír y reflexionar, que te seduce y te alegra, la que emana calidez y que empiezas a echarla de menos cuando no está aunque a veces incluso el silencio se siente agradable junto a la persona indicada.

Cuando menos lo esperas...

Al conocerla, descubres sus puntos de vista sobre la vida y la dirección sorprendente que siguen sus pensamientos y te dejas llevar mientras te envuelve con sus palabras.  Lo más extraño de todo es que no consigues escapar del hechizo que esconde su mirada porque al buscar los secretos que ocultan sus ojos, encontraste una parte de ti. En ese momento comprendes que detrás de esa persona hay todo un mundo que vale la pena ser descubierto.

Lentamente dejas que conozca mejor esa parte de ti que mantienes cerrada, inaccesible a cualquiera que se te acerque demasiado, mostrándole un sendero que lo puede llevar a lo más profundo de tu ser, sólo si se atreve a seguirlo.

De vez en cuando parece que no encuentras las palabras adecuadas para explicarle lo que provoca en ti y buscas otras maneras para demostrarle que es culpable de la sonrisa que ilumina tu cara… Una de esas que tienen el poder de calentarte el corazón y provocar un brillo resplandeciente en tus ojos con tal intensidad como para hacer que el resto del mundo se desvanezca a su alrededor.

La verdad es que cuando menos lo esperas, consigues algo que es más de lo que te podrías imaginar…

El momento perfecto

Sería perfecto si pudiéramos conocer a las personas en una hora y el lugar preciso pero ¿cuál sería esa hora? ¿O qué lugar seria el indicado? ¿Existirá ese momento perfecto? Las cosas pasan cuando tienen que pasar aunque sea de una manera inesperada, sin previo aviso, volteando nuestro mundo de cabeza. Así conocemos las personas que nos cambian la perspectiva de ver la vida, ampliando nuestros horizontes, siempre y cuando estamos dispuestos a abrir el portón de las murallas que protegen a nuestro ser.

A veces llegan para enseñarnos o darnos una lección y después desaparecen, pero en otras ocasiones vienen con el propósito de quedarse, sin importarles en cual etapa de nuestra vida nos encontramos o lo que hacemos, simplemente nos dejan perplejos, encantados y maravillados, pero al mismo tiempo nos obligan a encontrar una razón para alejarlos porque tenemos miedo de los cambios que nos puedan brindar y el efecto que van a tener sobre nosotros, logrando paralizarnos.

El momento perfecto

Por eso, preferimos darnos una excusa valida, sin embargo, en el fondo sabemos que su ausencia, no será realmente lo que deseamos. En ocasiones parecemos reservados, pero nos vence la audacia de esa persona que tan fácilmente ha logrado meterse en nuestro corazón, robando nuestros pensamientos a diario, aun no teniéndola presente.

Si sólo el encuentro se hubiera dado en otro momento y lugar, quizás las circunstancias habrían sido favorables, así es como imaginamos una realidad distinta, pero lo cierto es que hay otra verdad. Entonces, dejamos que el tiempo se ocupe del olvido con la esperanza de que sea una herramienta sólida para romper la conexión que se construyó entretanto, si es que puede hacerlo.

Las huellas en la piedra

El ser humano no existiría como tal si estuviera desprovisto de emociones, sin embargo no todos tenemos la misma capacidad para expresar los sentimientos, por la razón de que somos individuos muy diferentes.

Entonces ¿qué pasa cuando los sentimientos no se puedan revelar? Cuando te arañan por dentro y por más fuertes que sean no los dejas salir, cerrando cada rincón del alma para que no se escapen. Si te observaran pensarían que no han logrado tocarte, obteniendo la imagen de una persona dura como si estuviera hecha de piedra, la cual los transeúntes necesitados usan como ayuda para sostenerse cuando están a punto de caer y desesperadamente buscan un refuerzo.

Al ganar la fuerza suficiente se levantan y se retiran dejando su huella indeleble en la piedra que al no poder mantenerse en equilibrio cambia con la presencia de cada una de los vestigios incrustados en la superficie.

Las huellas en la piedra

Poco a poco se convierte en un sostén… No puede permitir que sus sentimientos salgan a la luz para no debilitarlo por eso se queda en silencio ahogándose en sus propias tristezas envuelto en sus pensamientos, reteniendo las lágrimas y tratando de ablandar el nudo en la garganta que no lo deja respirar. De vez en cuando lo que quiere es rendirse dejándose caer en un abismo al creer que tal vez allí encontrara la paz que tanto necesita, liberándose de aquello que le causa daño e intentando  tocar el fondo con el propósito de permanecer un tiempo allí, alejado de todo hasta recuperar sus fuerzas para levantarse de nuevo y seguir siendo la misma piedra de siempre dispuesta a sobrellevar el peso de cada mano que la necesite.

Un espectáculo para recordar

Dejar que el silencio se apodere de ti es cuestión de voluntad para encontrarse consigo mismo y reflexionar. No siempre permitimos hundirnos en él porque nos asusta demasiado la soledad que viene acompañándolo. Nos aterra tanto que nos quedamos paralizados frente a nosotros mismos, incapaces de actuar como si fuéramos el público en un espectáculo y no los actores principales de esta obra de teatro. Tratamos de distraernos haciendo cosas marginales que ocupan la mayoría de nuestro tiempo mientras la función sigue sin que participemos en ella. Esperamos a que termine el primer acto sin intervenir, ilusionándonos con la idea de que seguramente el segundo va a ser mucho mejor para por fin tomar el rol que nos pertenece. Pero la espera se hace eterna y las escenas, una tras otra, todavía se quedan sin los protagonistas mientras la obra se convierte en monotonía.

Un espectáculo para recordar

Asumir el papel significa enfrentarse consigo mismo, estar en silencio para poder escuchar la voz de tus pensamientos que tanto te empeñas en evitar; tratar de razonar y entenderlos aunque suelen ser muy confusos y contradictorios; por ese motivo muchas veces elegimos huir de ellos o enterrarlos en la profundidad del subconsciente para ahogar su voz. ¿Acaso somos tan débiles?

Nos convertimos en prisioneros del miedo, por eso lo que realmente necesitamos es valentía para quedarnos un momento con nuestra propia soledad, porque es allí cuando afloran nuestros temores y verdaderos sentimientos puesto que el silencio es el lugar que nos da la oportunidad de conocernos mejor reflexionando sobre el papel que tenemos en este mundo, con el único propósito de hacer una obra majestuosa de nuestra vida digna para recordar.

Escondidos detrás de las sombras

Cuando dos personas se encuentran, su conexión puede llegar a ser tan fuerte que nunca lograrán a separarse por completo a causa de una relación profunda e indestructible que se construye entre las sombras de sus almas, o tal vez ese lazo existió mucho antes de que se encontraran los dos protagonistas de esta historia repleta de amor que todavía caminan en el borde de la incertidumbre.

Escondidos detras de las sombras

Creyeron en su visión efímera tanto que les hubiese gustado convertirla en realidad porque para ellos no había nada inalcanzable en la vida. Soñadores por naturaleza, que viven guiados por su imaginación que les trae aventuras inolvidables en lugares desconocidos. Llevados por el impulso y el instinto se encontraron en medio de los sueños, los dos persiguiendo el brillo de la vida que según su opinión era algo mágico que inundaba cada poro de su piel. Son personas que transforman la tristeza en alegría y las lágrimas en una sonrisa como si tuviesen polvo de hadas que sin egoísmo lo ofrecen a la humanidad entera. Se parecían a las piezas que perfectamente encajan en un rompecabezas hasta que, inesperadamente, de un momento a otro se detuvo el tiempo porque el sueño tropezó con la realidad. Aquel choque fue tan fuerte que fragmentó el camino que antes recorrían juntos.

Fue la cruel realidad que los separó, aunque no logró alejar sus sombras que todavía se quedan entrelazadas en la ilusión que proviene de su juego de palabras que nunca termina.

Ahí siguen viviendo escondidos detrás de las sombras esperando a que uno de ellos sea capaz de atravesar el acantilado que ahora existe entre ambos como para volver a juntarse en un solo camino, ya que no pueden y no quieren aprender a vivir el uno sin el otro porque apartados no se sienten completos.

El rumbo de la vida

Es extraño como las decisiones que tomamos cambian el rumbo de nuestra vida. Nos afectan a nosotros pero también a la gente en nuestro alrededor, por eso es tan difícil tomarlas. Tal vez si supiéramos el resultado de cada decisión por adelantado sería más fácil resolver el acertijo, al menos eso era lo que creía antes. ¿Y si no nos gusta ninguno de los resultados o todo lo contrario nos gusten todos? ¿Cuál elegiríamos? Siempre se nos va a quedar la pregunta: ¿qué pasaría si…? y por más que evitemos responderla, permanecerá escondida en algún lugar del subconsciente para confundirnos en el momento crucial.

El rumbo de la vida

La verdad es que la vida está llena de dudas y cuando nos encontramos en una encrucijada donde tenemos que elegir el camino, nos sumimos en una vorágine de excusas para retrasar nuestra decisión pero ¿para cuándo? El tiempo va volando y la única manera para saber la respuesta de la pregunta: ¿qué pasaría si…? es elegir un camino. No hay caminos verdaderos solo opciones porque cualquiera de ellos te va a llevar hacia algo, y si te equivocas siempre encontraras otra encrucijada para cambiar el rumbo con la intención de encontrar algo mejor. Al final la vida es eso un viaje en un mundo lleno de encrucijadas.

Quería creer

Quería creer que él también pensaba en ella y aunque ya no pasaban los días juntos como antes deseaba que al menos pasara un pensamiento por su cabeza que lo hiciera recordarla. A veces estaba convencida que él también  pensaba en ella, pero otras no tanto, dudaba del amor y de la conexión que tenían. ¿Era algo real o solo era un producto de su imaginación? Por primera vez en la vida sintió como si no pudiera hacer nada para cambiar las circunstancias, que las riendas se escapaban de sus manos y lo único que podía hacer era observar desde la distancia. Trataba de continuar incentivándose a sí misma usando todo aquello que suponía le iba a ayudar para cambiar la dirección de sus pensamientos, sin embargo, no pasaba ni un solo día que no añorara esa persona. No sabía la razón, pero sentía algo excepcional por él que trataba de protegerlo a pesar de todos los obstáculos que le ponía la vida. No dejaba que su manera de actuar destruyera lo que ella sentía por él, tampoco quería manchar la imagen de él que tenía incrustada muy dentro de su ser.

Quería creer

Antes creía que eran tan diferentes, pero poco a poco descubrió que son inmensamente parecidos. Los dos buscan algo que ni ellos mismos saben que es precisamente eso que los tiene atrapados entre el sueño y la realidad, tratando de salir de los laberintos embrollados y encontrar el camino verdadero que los lleva hacia lo que buscan y a lo mejor ese camino los llevara el uno al otro y quizá lo que están buscando es encontrarse.

Estar vivo

Hay días cuando estamos insatisfechos con la vida que llevamos; entendemos que nos faltan muchas cosas y en la lucha por obtenerlos perdemos la sonrisa que se supone que es la señal principal que demuestra la satisfacción de las cosas que tenemos. Somos humanos y por esa misma razón no podemos saciar aquella búsqueda incesante por algo más. Las ambiciones son las que mueven al hombre  hacia adelante, lo empujan a vivir, a luchar y lograr cumplir lo que se propone pero bajo la condición de no perder la sonrisa que tiene en la cara, ni el brillo de felicidad en los ojos, tampoco la alegría contagiosa que irradia en su alrededor. Muchas veces concentrándonos en el futuro y en los objetivos que nos propusimos como meta a alcanzar, olvidamos el presente y todo lo que tenemos hoy. Olvidamos que estamos rodeados de gente que nos quiere, y que desea lo mejor para nosotros.

Estar vivo

Olvidamos que las cosas simples como un paseo en un día soleado, un poquito de lluvia inesperada, la sonrisa de un niño, un saludo de un transeúnte a quien nunca hemos visto en la vida, acariciar un perro callejero o la historia de un anciano quien no aguanta las ganas de platicar con alguien aunque sea por unos segundos, pueden hacer maravillas de nuestro día.

Observando este mundo de hoy que constantemente se encuentra en una carrera contrarreloj entiendo que se nos olvida vivir y ¿a qué se reduce cada día? ¿A tratar de apagar la sed de ese un poco más que siempre nos falta?

Al fin y al cabo la vida es solo una y se tiene que aprovechar de todas las maneras posibles e imposibles viviendo cada momento como si fuera el último al máximo. Así lo vive ese hombre que probablemente fue a dar un paseo cerca del rio con su familia, sus dos hijos y su esposa. Él es inválido atado de una silla de ruedas y demasiado joven con toda una vida por delante que probablemente va a pasarla allí. Pero él no lo veía así. Tenía la sonrisa más grande que he visto en mi vida y ese brillo en los ojos que tanto anhelamos tener. Se reía mucho, les contaba chistes a sus hijos sentados en su regazo, mientras su esposa empujaba la silla. Él no parecía preocupado por el mañana solo quería conservar la sonrisa que iluminaba los rostros de su familia. Irradiaba  una energía contagiosa – muy positiva a la cual uno no podía quedarse indiferente. Mientras paseaban, la gente lo saludaba sonriendo, con una mirada que demuestra admiración y respeto, porque nadie me puede convencer que no le cuesta levantarse de la cama cada día para enfrentar la vida con todos los obstáculos y dificultades, con los pensamientos que estando inmóvil debe depender de alguien y con la duda de que tal vez sea un estorbo, pero lo hace; cada día se levanta para ver la sonrisa de sus hijos y de su esposa para hacerlos reír y también para ver las caras de admiración de los transeúntes por la calle.

Entonces es inevitable sentirse satisfecho porque él sí sabe apreciar el día de hoy, las personas que están en su vida y todo que lo rodea y la única ambición que tiene es ver caras felices porque ese hombre sabe valorar el hecho de estar vivo.

Estar vivo no es solo poder respirar, mientras nos concentramos en luchar para un mejor mañana perdemos momentos significantes que tal vez no van a regresar y desaparecerán para siempre. Vive hoy, siente hoy, disfruta hoy, porque en realidad lo único indudable es nuestra existencia en este mismo momento.

La locura del querer ser

Le encantaba su compañía, adoraba pasar el tiempo con él y a veces perdía la cuenta de la hora. Ella disfrutaba escucharlo hablar, explicándole todo lo que le interesaba saber y satisfaciendo su curiosidad. No importaba para qué o cuando, él siempre estuvo muy cerca de ella y sin que lo supiera era su apoyo incondicional, quien le ha levantado el ánimo regresando la sonrisa a su rostro cuando ella lo necesitaba.

La locura del querer ser

Hubo momentos donde quería hacerle tantas preguntas y no sabía cómo, porque no quería ser malinterpretado y que por eso ella se alejara de él. No quería estar enojado frente a ella y trataba de esconderlo, sin embargo no podía porque ella lo notaba cada vez que lo hacía. La entendía cuándo ni ella misma lo pudo hacer, pero la dejaba disfrutar en su libertad y vivir en su mundo porque en el fondo sabía que ella iba a regresar junto a él. Era inseguro, inconsciente de las cosas que lo hacían tan especial para ella, pero si solo pudiera verse como ella lo veía, entendería que vale mucho todo eso que lo define como persona. Le daba seguridad y la hacía sentirse como la mujer más especial del mundo, y lo único que ella quería era estar junto a él. Lo quería de una manera irracional e inexplicable, tal vez incomprensible para los demás, pero demasiado valiosa para ese mundo de locuras en que vivieron los dos y lo llenaron de momentos inolvidables.

Él era un loco, loco por ella y ella era una loca, loca por él.

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