Un espectáculo para recordar

Dejar que el silencio se apodere de ti es cuestión de voluntad para encontrarse consigo mismo y reflexionar. No siempre permitimos hundirnos en él porque nos asusta demasiado la soledad que viene acompañándolo. Nos aterra tanto que nos quedamos paralizados frente a nosotros mismos, incapaces de actuar como si fuéramos el público en un espectáculo y no los actores principales de esta obra de teatro. Tratamos de distraernos haciendo cosas marginales que ocupan la mayoría de nuestro tiempo mientras la función sigue sin que participemos en ella. Esperamos a que termine el primer acto sin intervenir, ilusionándonos con la idea de que seguramente el segundo va a ser mucho mejor para por fin tomar el rol que nos pertenece. Pero la espera se hace eterna y las escenas, una tras otra, todavía se quedan sin los protagonistas mientras la obra se convierte en monotonía.

Un espectáculo para recordar

Asumir el papel significa enfrentarse consigo mismo, estar en silencio para poder escuchar la voz de tus pensamientos que tanto te empeñas en evitar; tratar de razonar y entenderlos aunque suelen ser muy confusos y contradictorios; por ese motivo muchas veces elegimos huir de ellos o enterrarlos en la profundidad del subconsciente para ahogar su voz. ¿Acaso somos tan débiles?

Nos convertimos en prisioneros del miedo, por eso lo que realmente necesitamos es valentía para quedarnos un momento con nuestra propia soledad, porque es allí cuando afloran nuestros temores y verdaderos sentimientos puesto que el silencio es el lugar que nos da la oportunidad de conocernos mejor reflexionando sobre el papel que tenemos en este mundo, con el único propósito de hacer una obra majestuosa de nuestra vida digna para recordar.

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